domingo, 3 de noviembre de 2013

Logia Estrella del Unare N 185 Oriente de Clarines Venezuela por Eloy Reverón


Hemos tenido la honra de hacer una breve visita a la logia Estrella del Unare N 185. Acompañados por la Lic. Ángela Rizzo, directora de Relaciones Públicas del Instituto Venezolano de Investigaciones IVEM, y Miembro del Comité Editorial de la Revista Altagracia de la Biblioteca Nacional de Venezuela. También contamos con la compañía de la doctora, Ana Elisa González, tesista de la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela e investigadora Ad Hoc, del Instituto Venezolano de Estudidos Masónicos IVEM.

En el extremo izquierdo, la doctora Ana Elisa González,
historiadora de la Masonería venezolana de IVEM
con los QQ:.HH:. en el umbral de la sede masónica.
Como se puede apreciar en la fotografía, la logia está ubicada en el casco histórico de Clarines. Esta calle empedrada que conduce hasta la Iglesia de esta longeva población del estado Anzóategui, fundada a las orillas de la desembocadura del río Unare en El Caribe venezolano, en tierras de los indios palenque, por allá en las medianías del año 1594.
Fachada de la Res:.Log:.Estrella del Unare N 129
Es motivo de orgullo y de profunda satisfacción reseñar algunos aspectos relativos a nuestra visita a la población de Clarines, estado Anzoátegui, Venezuela. Allí fuimos recibidos con la fraternal cortesía que caracteriza a la gente de esta hospitalaria región de nuestra patria. Fuimos recibidos por los QQ:.HH:. de la logia Luz del Unare el 27 de septiembre de 2013. Nos recibió toda una comitiva de la logia presidida por su V:.M:. Carlos Vicente Palma, Ney Silva, Alfredo Maraima, José Antonio Medina Roble. En mi recuerdo tengo otros rostros, otras voces pero se me disipan algunos nombres.
La logia Estrella del Unare fue instalada inicialmente con el número 177, esto tuvo lugar en el año de 1970. De esa primera etapa falta precisar algunos detalles de su historia, debido a que los papeles de aquella secretaría estaban en manos de un Q:.H:. que hoy se encuentra en el O:.E:., pero los hermanos no tardan en ponerse en contacto con sus familiares para el rescate de esa importante documentación. 

La logia es también la reunión de más de siete hermanos
La logia tiene su sede en la calle San Antonio de Clarines, anteriormente estaba en una casa diagonal, a la actual sede en la misma calle.

El once de abril de 1981 fue regularizada con el número 185, según acuerdo N 2 firmado con la Gran Logia de la República de Venezuela, con sede en Caracas. 
La logia es el lugar donde los los masones realizan sus rituales. La Gran Logia es el órgano rector de la masonería a nivel nacional. La primera Gran Logia, como órgano rector de la franc-masonería fue organizada en Londres en el año de 1717. Después de una era caracterizada por la intolerancia religiosa, tiempos de guerras religiosas y de luchas políticas. En aquellas logias comenzaron a reunirse de manera fraternal, una serie de individuos que procesaban credos diferentes. Habían religiones que consideraban un pecado, el tan simple hecho de hablar con alguien que perteneciera a otro grupo religioso.
El lenguaje arquitectónico de esta atractiva población nos habla de la importancia de la Iglesia en el proceso de dominación continental que emprendieron las naciones europeas a partir de 1492.
La Iglesia de Clarines es una muestra tangible de que los españoles también construyeron un complejo urbanístico en el proceso de conformación de un rígido sistema de dominación colonial esclavista orquestado por definidas y pensadas fuerzas de dominación, tan bien articuladas, que aún en nuestros días constituyen un baluarte de resistencia a la liberación de los pueblos.

 No debemos olvidar que el cristianismo primitivo fue una fraternidad iniciática, incluso su carácter secreto se hace evidente en la práctica dentro de las catacumbas en el subsuelo de la ciudad de Roma. Una Iglesia liberadora hasta la llegada de Constantino, quien se convirtió al cristianismo para transformarlo en la cristiandad dominadora que vino a este continente que hoy llamamos América.


Calle San Antonio, casco histórico de Clarines


 Al frente de la máquina el Q:.H:. Alfredo Maraima, al fondo
Ana Elisa González y la lic, Angela Rizzo, de la Revista
Altagracia de la Biblioteca Nacional de Venezuela.

Entre los elementos esenciales vinculados al compañerismo masónico está la ceremonia sencilla pero profundo sentido iniciático en cuanto al sentimiento de cariño fraternal que lleva implícito el mismo acto. Tal como los constructores de las grandes catedrales hermanados en la obra, la comunión representada al compartir el pan. En este caso, como manifestación de compañerismo masónico, uno de los valores fundamentales de la masonería manifestando en sus sentimientos fraternales. Los hermanos de Clarines compartieron el pan ancestral de los habitantes originales del lugar: la cachapa.  La  cachapa es  un  disco de  maíz  cándido o jojoto, molido y precesado en una suerte de harina líquida, asada sobre una plancha
Los hermanos Carlos Palma, Ney Silva, y
José Antonio Medina, haciendo entrega de la placa
de los 27 años de la logia Estrella del Unare a Eloy Reverón
caliente. Junto con la arepa y el casabe, constituye uno de los panes ancestrales que conforman el sincretismo cultural  venezolano. En el caso presente, estamos ante un molino de fabricación casera, elaborado con una rueda de bicicleta, un motor de lavadora y una correa, sincronizados con un engranaje ajustado al espacio correspondiente a la manilla del molino manual. El local de las cachapas se encuentra en una de las calles de la avenida principal de entrada a Clarines, siguiendo por una de las calles de la derecha que conducen al casco histórico donde se encuentra la Iglesia.

Otro detalle importante fue la entrega de la placa conmemorativa de los 27 años de la logia Estrella del Unare y un poema de Harald Zuehlsdorff montado y decorado con las imágenes de Don Quijote y Sancho.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Raíz histórica de la Masonería en Venezuela de Celestino Romero por Eloy Reverón

El primer intento serio con afán de dar a conocer la raíz histórica y los puntos resaltantes de la Masonería en Venezuela lo realiza Celestino Romero, quien ocupara la silla de Gran Maestro en la Gran Gran Logia de los Estados Unidos de Venezuela (1931 1933) . Es cierto que con dos décadas de anticipación, otro masón, que también ocupó el cargo de Gran Maestrollamado Asciclo Valdivieso Montaño publicó dos piezas sobre la Masonería y la Independencia: "Un Capítulo de Historia Masónica en Venezuela" en: La Esfera, Caracas, 8 de junio de 1830, N
Imagen proveniente del curso de
Historia de la Masonería en Venezuela U.C.V.
1.170, pp.1-2. Y
Introducción de la Masonería en Venezuela, Caracas, Tip. Americana, 1928, 20 pp., las cuales dejan mucho que desear desde el punto de vista de la ética del investigador por la falta de seriedad en el manejo de las fuentes, tal como lo mostramos en el capítulo Bibliografía Masónica Básica en La Masonería en Venezuela, Caracas, Escuela de Historia, Facultad de Humanidades, U.C.V. 1992.
Antes de reproducir lo que escribimos en aquella oportunidad (lo haremos en otro lugar) es conveniente revisar lo que Romero llamó los tres puntos básicos de su Exordio. Su investigación parte de varios supuestos afirmativos. El primero

"Que los poderes masónicos más antiguos de la América del Sur, son los fundados en Venezuela por el Comisionado Especial Don José Cernaun enviado por el Supremo Consejo de Nueva York, con credenciales de aquel alto cuerpo,... El segundo supuesto "Que los fundadores de la nacionalidad, fueron iniciados en las Logias Masónicas, fuentes de Libertad, Tolerancia, Disciplina y respeto mutuo, que son las bases inamovibles de los derechos del hombre." Y el tercer punto: "Que la masonería, no es lo que propagan sus enemigos,(...) ; que la república se alumbró con el fanal histórico prendido por Miranda y llevado por ellos hasta muchos años después de disuelta la Gran Colombia, dejándonos como herencia en los Templos de la Fraternidad, lo que ellos buscaron con tanto afán:"UNIÓN", pedida con voz trémula en San Pedro Alejandrino y que hoy suena en nuestros corazones"
Antigua joya masónica de Maryland

Aunque el trabajo adolece de índice, está divido en VIII capítulos de los cuales podemos identificar ocho ideas fundamentales. Las citas al pie de página para fundamentar sus afirmaciones son la excepción no la regla y, carece de una bibliografía que oriente al lector. Básicamente rescatamos su valor en cuanto a la reproducción de documentos de interés para el tema, así como lista de miembros de la institución y de los diferentes cuerpos masónicos, a diferencia de los escritores masones Castellón y Perramón, posteriores a Romero, este último, sí hace referencia al origen de los documentos que reproduce. 

El primer capítulo lo dedica a vincular a la rebelión de Gual y España con la masonería, con la diferencia que al citar al libro de Enrique Rivodó como fuente para argumentar su discurso, muestra la seriedad que ni Castellón, ni Perramón ni otras publicaciones oficiales de las diferentes ligas masónicas existentes en el país que asumen a Gual y España y a su rebelión como si fuera un complot masónico. A diferencia de todos ellos Romero muestra su sentido ético cuando escribe en la página 10 de la edición reseñada: ... y muchos más distinguidos guaireños, formaron un Club (:.?) de adictos a un gobierno independiente del gobierno español,... El tema es que Enrique Rivodó, vinculado también a la masonería, también dudó al respecto utilizando el mismos símbolo.: (:.?) En pocas palabras, a nadie le consta que hubieran sido masones, menos a los masones del siglo XIX, y eso lo veremos en otro momento. Manténganse en contacto. 

lunes, 2 de septiembre de 2013

El Maestro Secreto por Eloy Reverón



lunes, 1 de julio de 2013

Masonería en Mérida por Francisco Franco

Acercarse al estudio de la Masonería es una tarea ardua, aunque también atractiva y seductora.  La orden tiene propiedades calidoscópicas, lo que dificulta la tarea del investigador. Afirmar o negar de manera tajante, cualquier hecho o circunstancia vinculado a la orden masónica, parece temerario debido a la oscuridad y el misterio que siempre la ha caracterizado.
 Escogí este tema, sin embargo,  para presentarlo como memoria de grado para la Licenciatura de Historia, luego de leer la novela de Humberto Eco El Péndulo de Foucault. Erudito e interesante libro, donde se maneja gran cantidad de información sobre temas misteriosos, herméticos y legendarios, como lo son los Rosacruces, la Alquimia, la Cábala, el Esoterismo, la Brujería, la búsqueda del Grial y muchos otros.

La leyenda de los Templarios, a la que Eco hace su contribución, es el hilo conductor de la historia. Va tomando cuerpo y forma a lo largo de la novela, enlazándose y conectándose con otras leyendas y tradiciones a las que el autor da vida, a través del plan "imaginario" que los protagonistas van creando y a la vez descubriendo. De un juego inofensivo, el "antiguo plan de los Templarios", se va convirtiendo en una peligrosa aventura que se revierte hacia sus protagonistas, afectando sus vidas y sus formas de ver el mundo. La novela de Eco, muestra en gran medida la fascinación que producen estos temas, ocultos y enigmáticos, en el hombre contemporáneo, aún cuando "oficialmente" y aparentemente todo ello pertenezca al campo de lo "supersticioso" o "folklórico".


En vez de los Caballeros Templarios, Eco pudo haber tomado como eje de su novela a la masonería, adjudicándole un plan parecido, misterioso y  formidable. Decimos esto porque al igual que los Templarios a los masones se le ha imputado, a lo largo de su historia, gran variedad de proyectos de ese estilo; desde ser una especie de anti-iglesia con objetivos claros en contra de la Iglesia católica así, como la causante de todas las revoluciones políticas, luego de la Revolución Francesa.

Este trabajo, sin embargo, no pretende "develar, ni descubrir" los secretos masónicos.  En nuestro caso, el asunto que, básicamente, nos interesa es la relación Iglesia Católica-Masonería.   No obstante, intentaremos dar una visión general y más o menos sintética de la masonería, para comprender así  los aspectos que la Iglesia atacó y condenó con tanta dureza e insistencia.

En un primer momento de la investigación, tuvimos como objetivo concentrarnos fundamentalmente, con respecto a la región merideña, en el período de finales del siglo XIX y comienzos del XX.   En efecto lo hicimos, pero extendimos el trabajo a un período mucho más amplio.  Podríamos entonces resumir diciendo que intentamos estudiar, de manera general, la relación entre la Iglesia católica y la masonería, y específicamente, lo referente a la situación venezolana, proponiéndonos aportar, por otra parte, datos para el estado Mérida, en el período mencionado.

Aunque gran parte de las fuentes utilizadas fueron bibliográficas, consultamos folletos de la época, básicamente, propagandísticos tanto del lado eclesiástico como del masónico.  Revisamos también para el capítulo V  hemerografía merideña, de finales del siglo XIX y alguna del siglo XX.  Nos servimos, también, de un expediente documental de 1826, perteneciente al Archivo Histórico de la Gobernación de Mérida.

El primer capítulo es una especie de síntesis sobre la masonería. Un acercamiento general sobre lo que es la asociación masónica y una breve visión histórica de las vicisitudes y elementos más significativos de la  sociedad  masónica. Esto ayudará, eso creemos, a tener una imagen un poco más clara de la sociedad masónica, de esta manera, podremos determinar lo que realmente era la agrupación y comprender de manera más sólida la posición de la Iglesia con respecto a ella.

En el segundo capítulo estudiamos la relación Iglesia católica-masonería, en los siglos XVIII y XIX, basándonos en algunas de las bulas papales donde se condena a la asociación.  Hicimos hincapié en la visión ambigua y confusa que la Iglesia ha tenido con respecto a la masonería, teñida de gran intolerancia.  Presentamos también, las prohibiciones que algunos gobiernos europeos decretaron en contra de la orden y su relación con los anatemas eclesiásticos.   Esto último, nos permite observar la dimensión político ideológica que, desde la perspectiva eclesiástica, ha tenido la lucha antimasónica.

El tercer capítulo versa sobre la masonería venezolana, contiene un panorama sucinto, más bien algunos señalamientos, sobre la presencia masónica en Hispanoamérica durante el siglo XVIII.   Tocamos un tema difícil de tratar y recurrente en la historia de la masonería venezolana como es su influencia en la Independencia. Seguimos, luego, con el período de consolidación y posterior desarrollo de la orden en Venezuela, durante todo el siglo XIX.

Los conflictos que la masonería y la Iglesia católica venezolana dirimieron y entablaron durante el siglo XIX constituyen el tema del capítulo IV, destacando la posición de la institución eclesiástica sobre la hermandad.  Comenzamos con la situación de la tolerancia en las primeras décadas de ese siglo, siguiendo las huellas de las condenas del clero venezolano a la asociación masónica, así como algunos de los conflictos y polémicas que ocurrieron entre estos dos grupos.

En el quinto y último capítulo tratamos de establecer la posición de la Iglesia merideña con respecto a la masonería y las causas que motivaron su actitud frente a dicha sociedad.   Contienen también lo relacionado con los ataques del Obispo Lasso de la Vega a los masones,  el caso de un masón merideño, Rafael Salas, que fue procesado por  el poder civil y acusado de antiliberal.



Concentramos gran parte de este capítulo al período de finales del siglo XIX, en el cual, hallamos un gran número de noticias  antimasónicas en la prensa merideña, la cual reposa en la Sala Febres Cordero, Biblioteca Nacional, Mérida.   En estos periódicos se mezclan y confunden las acusaciones de masonería con las de librepensamiento, liberalismo y en ocasiones las de protestantismo.   Finalmente estudiamos algunas de las polémicas que se dieron en la ciudad de Mérida, entre periódicos decididamente católicos y otros, que profesaban algunas de las ideas y filosofías modernas.

sábado, 2 de marzo de 2013

Para la historia de la masonería venezolana por José Antonio Ferrer Benimelli

Presentación

Tengo el honor de presentar un artículo que marca un hito en la historiografía masónica venezolana porque resume de manera magistral, una serie de afirmaciones que podrán servir de guía a los estudiantes en el proceso de levantamiento bibliográfico y los respectivos seguimientos de fuentes . Este artículo que se puede clasificar como una clase magistral, fue solicitado por el nunca bien ponderado profesor Manuel Pérez Vila (1922 1991N) para el Diccionario de historia de  Venezuela, publicado en 1988. No pudo escoger mejor investigador que el doctor José Antonio Ferrer Benimelli, primera autoridad en historia de la masonería en habla hispana.

Dr José Antonio Ferrer Benimelli 
Foto E Reverón México D.F. 2010


Antes de dejar de estar con nosotros, don Manuel había publicado algunos artículos sobre la historia de la masonería en Venezuela donde mostraba su preocupación por la negativa de los masones venezolanos de aquel entonces, a permitir acceso a los documentos históricos del archivo de la Gran Logia en el Templo Masónico de Caracas ubicado entre las esquinas de Jesuitas y Maturín.

La lectura de este artículo ha sido seleccionada para los estudiantes que inician el próximo seminario de investigación histórica que tendrá lugar en el semestre impar de la Escuela de Historia de la U.C.V.. Nos hemos tomado la licencia de agregarle, entre ( ), algunos datos para fines didácticos.
                                              Eloy Reverón


Sin más preámbulos:                                           La Masonería por  JAFB.

Sus orígenes en Venezuela están  ligados a la emancipación y a los libertadores, siendo un tema complejo, oscuro y todavía (en 1988) falto de una investigación seria y desapasionada. Por lo que respecta a Simón Bolívar sabemos que perteneció, en 1805-1806, a la logia San Alejandro deEscocia de París; sin embargo, su nombre no aparece después en ninguna logia de la Gran Colombia, ni de Venezuela. Por otro lado, según el historiador Américo Carnicelli, encontramos masones no sólo en las tropas libertadoras, sino también en el ejército realista. De las llamadas logias Lautaro, Reunión Española, Caballeros Racionales (ninguna de las cuales funcionó en Venezuela) hay que decir que no eran logias masónicas, sino sociedades políticas patrióticas. No está  de ningún modo comprobado que Francisco de Miranda estuviese directamente relacionado con alguna de esas asociaciones políticas; se ha escrito también que él, personalmente, se afilió a una logia masónica regular en Filadelfia en 1783, según unos autores, o en París en 1797, según otros, pero no se han encontrado pruebas de que haya pertenecido a la masonería. En Venezuela, una de las primeras logias que existió tuvo su sede en Puerto Cabello hacia 1804-1806; así lo afirman los testimonios, algo posteriores, del arzobispo Narciso Coll y Prat y del abogado Juan Germán  Roscio; uno de los miembros de esa logia era el letrado José Gutiérrez de Rivero, y a ella concurrían oficiales del apostadero naval de aquella población. Por esa misma época se intentaba fundar en la isla de Margarita otra logia, que según Roscio era promovida por un fraile franciscano «pero fue delatada y se frustró»; tal vez era la logia San Juan de la Margarita, que según el historiador Helio Castellón fue fundada allí en 1808.
Ya iniciada en América la Guerra de Independencia, varios hispanoamericanos residentes en Cádiz  y en Londres fundaron en 1811 asociaciones secretas para contribuir a la emancipación, las cuales han sido confundidas con logias masónicas, pues adoptaron aspectos de su ritual. En Londres, entre otros, participaron Andrés Bello y Luis López Méndez; en Cádiz,  Rafael Diego Mérida, miembro de la Sociedad de Caballeros Racionales, quien regresó luego a Venezuela, vía Filadelfia, con el encargo de fundar en Caracas una sociedad filial; no se sabe si llegó a hacerlo, pero en 1813 el padre Manuel Vicente de Maya lo acusaba de haber intentado durante la Primera República «...establecer aquí una logia de Francmasones...» No hay pruebas seguras de las actividades de otras logias, como la Patria, que se dice fue fundada en Carúpano en 1814, y la Colón, que habría existido en Caracas entre 1811 y 1815. En cambio, con la llegada a Venezuela ese último año del ejército expedicionario cuyo jefe era el general Pablo Morillo, vinieron varios jefes españoles afiliados a la masonería; entre ellos Salvador de Moxó, Miguel de la Torre, Juan Bautista Pardo; la Inquisición caraqueña recibió la denuncia de que Morillo era grado 33. Entre 1817 y 1818 existían en Caracas 2 logias, una de las cuales tenía su sede en la casa del comerciante Francisco González  de Linares, cuyo hermano Manuel era también un prominente masón; el inglés John King, de paso entonces por Caracas, realizaba proselitismo masónico. Al mismo tiempo, y sin que hubiera forzosamente relación entre estas actividades, en el territorio guayanés dominado por los republicanos, un comerciante inglés, James Hamilton, crea en 1818 en Angostura la Concordia Venezolana, bajo la autoridad de la Gran Logia Provincial de Kingston (Jamaica). Entre los militares británicos  que se alistaron en el ejército republicano había varios masones, que fundaron la logia Columbiana, ya activa en diciembre de 1820, y que en febrero de 1821 celebró una sesión en Achaguas, donde estaba acantonada la Legión Británica.  En 1821, en Caracas, aparece el taller La Unión, y en Valencia la logia Concordia, ambas dependientes de la Gran Logia de Pensylvania. A partir de 1821, tras la batalla de Carabobo, se organiza la masonería venezolana instalándose  en 1822 las logias Protectora de las Virtudes en Barcelona, Perfecta Armonía en Cumaná,  Fraternidad Colombiana en Caracas, Valor y Constancia en Valencia, Unanimidad de Cartago y Bolívar, en La Guaira, todas ellas con cartas patentes de la Gran Logia de Maryland (Baltimore); en 1823 lo hacen Regeneradores en Maracaibo y Aurora en La Guaira, ésta con carta patente de la Gran Logia de Nueva York; al inicio de 1824 existen en Angostura las logias The Eastern Star of Colombia número 379 con carta patente de la Gran Logia de Escocia, y La Concordia número 792, con carta patente de la Gran Logia Unida de Inglaterra. Uno de los más  antiguos libros masónicos que se publicaron en Venezuela, posiblemente el primero, fue el titulado Espíritu de los Estatutos y Reglamentos del Orden Frac-Masónico [sic] y Diccionario de todos los términos y expresiones que están  en uso para los trabajos de las Logias, impreso en Cumaná  en 1823 y redactado por Manuel José Ribas, de la logia Perfecta Armonía.
El 16 de mayo de 1824 se funda en Caracas la Gran Logia de Colombia y se instala solemnemente el 24 de junio de ese mismo año, siendo Diego Bautista Urbaneja  su primer gran maestre; su territorio, la República de Colombia de entonces, abarcaba los departamentos de Venezuela, Nueva Granada y Quito. Las logias venezolanas que de inmediato pasaron a formar parte de la obediencia de esta Gran Logia, fueron Protectora de las Virtudes (Barcelona), Perfecta Armonía (Cumaná),  Unanimidad de Cartago (La Guaira), Concordia (Valencia), Unión (Caracas), Fraternidad Colombiana (Caracas), Virtud Premiada (Carúpano), Regeneradores (Maracaibo), Libertad (Puerto Cabello), Valor y Constancia (Valencia), Bolívar (La Guaira), Guaira (La Guaira) y Concordia Colombiana (Caracas); a éstas se añadieron pronto otras como Concordia Venezolana (Angostura), Unión Filantrópica (Coro), Amistad (Barquisimeto), Aurora (San Felipe), San Juan de la Constancia (Guanare) e Hijos de Colón (El Tocuyo). Paralelamente, el Supremo Consejo de Nueva York, presidido por José Cernau, envió en 1823 patentes a 3 capítulos de Cumaná,  Barcelona y La Guaira. A mediados de la década de 1820 la actividad masónica se hizo muy conspicua en Caracas. El Cabildo Eclesiástico  de la catedral observaba con alarma que durante un entierro celebrado en diciembre de 1824 en la iglesia de San Pablo se habían visto insignias masónicas. En 1825, el masón brasileño José de la Natividad Saldanha  1795-1830), residente en Caracas, publicaba un folleto anticatólico dedicado al masón venezolano Juan de Escalona, e incluía en la dedicatoria símbolos de esa asociación (publicado en Caracas : Imprenta de Tomás Antero, 1826. - 15 p. ; 20 cm. ). Después de la crisis política debida a La Cosiata y del atentado contra su vida en Bogotá,  el Libertador Simón Bolívar, por decreto dado en esa ciudad el 8 de noviembre de 1828, prohíbe las asociaciones y confraternidades secretas (…sea cual fuere su denominación), clausurándose  inmediatamente todas las logias masónicas existentes en las diferentes ciudades de la República. Poco después, al separarse Venezuela de la Gran Colombia, el 22 de septiembre de 1830, los masones venezolanos se reorganizaron en Caracas, de forma independiente, fundando la Gran Logia de Venezuela (1838), bajo la Gran Maestría de Diego Bautista Urbaneja; año y medio después los masones venezolanos, que se encontraban investidos del grado 33 de la masonería escocesa, resolvieron constituir el Supremo Consejo del Grado 33 para la República de Venezuela, y a tal efecto se reunieron en Caracas el 4 de mayo de 1840, siendo elegido como soberano gran comendador José Antonio Páez,  entonces presidente de la República. El Supremo Consejo de Venezuela, unido a la Gran Logia de Venezuela, constituyeron en Caracas, el 31 de enero de 1841, el Gran Oriente Nacional de Venezuela; el general Carlos Soublette fue su primer gran maestre. El 11 de julio de 1841 se procedió a la instalación, en la Gran Logia de Caracas (Funcionaba en el n 12 de la esquina de Traposos, propiedad de don Manuel Felipe Tovar), de las nuevas autoridades masónicas; encabezaba la lista impresa el gran maestre Carlos Soublette, acompañado de Diego Bautista Urbaneja y Tomás  J. Sanabria; seguían el secretario, José Ignacio Chaquert, el gran orador, Pedro Núñez de Cáceres,  el vigilante José María Lovera, el tesorero J. Theodor, el guardasellos Felipe Esteves,  los maestros de ceremonias Roberto Basalo y José de Austria, el hospitalario José Manuel Morales y los expertos Juan José Conde,  Esteban Escobar, Gerónimo Pompa y José María de las Llamozas; el impresor, también masón, era George Corser. En 1843, la Gran Logia de Venezuela reagrupaba los talleres Perfecta Armonía número 2 (Cumaná),  Unanimidad número 3 (La Guaira), La Unión número 5 (Caracas), Concordia número 6 (Caracas), Libertad número 11 (Puerto Cabello), Unión Filantrópica número 12 (Coro), Concordia número 13 (Valencia), Regeneración número 15 (Maracaibo), América número 17 (Caracas), Restauración número 23 (Río Chico), Caracas Madre número 24 (San Fernando de Apure), Tolerancia número 25 (San Felipe), Aurora de Petare número 26 (Petare), La Paz número 27 (Valencia), Unión de Baúl número 28 (El Baúl), Independencia número 30 (Puerto Cabello) y Victoria número 31 (Nirgua). En 1847 se produjo una escisión en la masonería venezolana, al ser creado un Gran Oriente disidente. Puesto que muchos miembros de la élite pertenecían a la masonería, los enfrentamientos políticos repercutían en el seno de esa institución; además  de Páez  y Soublette, fueron también masones el general Santiago Mariño(Cargo de Gran Comendador  1849 1850) y los presidentes José Tadeo y José Gregorio Monagas. Por otra parte, desde mediados del siglo XIX el progresivo debilitamiento en Venezuela del poder temporal de la Iglesia católica y la creciente, aunque no muy intensa, secularización de la sociedad venezolana permitieron un mayor desarrollo de las actividades públicas de la masonería, si bien las sesiones o «tenidas» de las logias conservaban su carácter  secreto, reservadas a los iniciados. Empezaron a ser edificados templos masónicos que ostentaban en la fachada los símbolos de la orden, como el de La Guaira, inaugurado en 1853. El joven Antonio Guzmán  Blanco pronunció uno de sus primeros discursos en las exequias masónicas del general Santiago Mariño, fallecido en 1854. En 1861 se reimprimió en Caracas el Diccionario masónico razonado. Todo esto no significaba que la oposición de la Iglesia hubiese cesado: en 1863, cuando José Félix Blanco (Ocupó el cargo de Gran Comendador 1850 1851 obtuvo del papa Pío IX la rehabilitación como sacerdote, una de las condiciones que se le impusieron fue la de abjurar públicamente de la masonería. Después de terminada la Guerra Federal se produjo la reunificación de los 2 grandes sectores de la masonería (cuando gobernaba otro presidente perteneciente a ésta, el mariscal Juan Crisóstomo Falcón), el 30 de abril de 1865, adoptando el nombre de Gran Oriente Nacional de Venezuela y bajo la Gran Maestría de Ramón Díaz; este Gran Oriente comprendía una Gran Logia, un Gran Capítulo, un Gran Consistorio y un Supremo Consejo. Desde 1863, un grupo de masones de la logia Esperanza de Caracas, entre quienes figuraban Isaac Pardo y Casiano(Casimiro) Hernández,  había constituido la Sociedad del Templo Masónico y empezaron a recabar dinero y a adquirir lotes de terreno, a fin de edificarlo, entre las esquinas de Jesuitas y Maturín; la primera piedra fue colocada en septiembre de 1864, con discursos de Fernando Arvelo (Ocupó el cargo de Gran Maestro para el período 1869 1873) y de Pardo( Isaac J. ocupó el cargo de Venerable Maestro durante el primer período de la fundación de la logia Esperanza N 37 de Caracas 1853 1854) ; como el acto fue público, el segundo de esos oradores se valió de la oportunidad para exponer los postulados y objetivos de la institución a la cual pertenecía; los trabajos se prosiguieron durante los años siguientes. Durante el régimen de Antonio Guzmán  Blanco (1870-1887), la masonería se fortaleció y se extendió en Venezuela; con el apoyo decisivo de ese presidente fue concluida la construcción del templo masónico de Caracas, inaugurado por él el 27 de abril de 1876. Las logias lo declararon «Gran Protector de la Institución Masónica en Venezuela», y como tal tuvo que enfrentar el cisma que se produjo en 1882 y que quedó resuelto en 1884. A fines de 1882 componían la masonería venezolana, según las denominaciones de la época, un Superior Consejo del Grado 33, con 48 miembros; un Gran Consistorio con 54 príncipes; un Consejo de Caballeros Kadosch con 88 miembros; un Soberano Consejo con 40 príncipes rosacruces; una Gran Logia con 60 hermanos; y 750 masones regulares pertenecientes a 19 logias simbólicas. Varios de los presidentes de la República que sucedieron a Guzmán  Blanco hasta fines del siglo, como Raimundo Andueza Palacio(Ocupó el cargo de Gran Comendador 1885 1888) y Joaquín Crespo (Ocupó el Cargo de Gran Comendador 1894 1898), pertenecían también a la masonería. Con la llegada de Cipriano Castro al poder en 1899 ésta perdió gran parte de su influencia en las altas esferas del Estado, aunque el presidente hizo restaurar en 1904 el templo de Caracas, que había sido afectado por el terremoto de 1900. «Las logias, -escribe el historiador Hello Castellón-, dejaron de ser puntos de atracción social y política». La misma situación prevaleció durante el régimen de Juan Vicente Gómez quien, sin perseguir a la masonería como institución, tampoco la favoreció. El 18 de agosto de 1916 el Gran Oriente Nacional de Venezuela se disolvió dando nacimiento a dos organizaciones diferentes: el Supremo Consejo 33 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado y la Gran Logia de los Estados Unidos de Venezuela. Todavía hubo nuevas escisiones; en 1919 una Gran Logia Soberana de Puerto Cabello se constituía a partir de 7 logias de las regiones al norte del Orinoco; este cuerpo que todavía subsiste, se dividió a su vez en 1920, al crearse la Gran Logia Simbólica de Oriente, que se ubicó en Ciudad Bolívar y duró hasta 1923, controlando las zonas sur del Orinoco y los estados orientales. Finalmente, aquellos masones que no habían aceptado la disolución del Gran Oriente Nacional de Venezuela lo reconstituyeron alrededor de 8 talleres, entre ellos Regeneradores de Maracaibo. La Gran Logia de los Estados Unidos de Venezuela contaba 32 logias en 1932, y 37 en 1947; en 1952 reagrupaba 77 logias y 5 triángulos,  de las que 15 logias estaban en Caracas. Por su parte 2 logias tenían sus sedes en las Antillas Holandesas: La Acacia número 68 (Curazao) e Hiram (Aruba). En agosto de 1956, una convención celebrada en el templo de Caracas, con representantes de 72 logias, aprobó una constitución destinada a promover la unidad, a la cual se adhirieron luego otras 28; pero en octubre de 1957 surgieron nuevas discrepancias que impidieron un total acuerdo. En septiembre de 1984, según datos de Hello Castellón «...la confederación masónica venezolana llegó [...] a la cifra de 107 logias activas...» La Gran Logia de la República de Venezuela sostiene relaciones con todos las Grandes Logias regulares del mundo y es miembro de la Confederación Masónica. El único presidente de la República durante el siglo XX de quien se sabe que perteneció a la masonería fue Raúl Leoni.    J.A.F.B.

BIBLIOGRAFÍA: Anotaciones históricas sobre la masonería en Carúpano desde 1814 hasta 1918. México: Editorial Menphis, 1962; AZANCOT, MOISÉS H. Polémica masónica-religiosa. Maracaibo: Imprenta Moderna, 1909; CARNICELLI, AMÉRICO. La masonería en la independencia de América, 1810-1830. Bogotá:  Cooperativa Nacional de Artes Gráficas,  1970. 2 v.; CASTELLÓN, HELLO. Guía histórica de la masonería venezolana. Caracas: Lito-Jet, 1985; FERRER BENIMELI, JOSÉ A. Los archivo secretos del Vaticano y la masonería. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 1976; --. Bibliografía de la masonería: introducción histórica: confrontación con la Iglesia. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 1974; --. Masonería e Inquisición en Latinoamérica en el siglo XVIII: estudio histórico. Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 1973; Folleto histórico masónico. Caracas: Logia Hermes, 1960; GAETE C., ERNESTO H. Inicios orgánicos  de la masonería escocesa en Venezuela. Caracas: Ediciones Lautaro, 1992; NAVARRO, NICOLÁS EUGENIO. La Iglesia y la masonería en Venezuela: estudio histórico. Caracas: Editorial Sur-América, 1928; REVERÓN, ELOI. Influjos masónicos en la instauración del matrimonio civil en Venezuela. Caracas: Editorial Masones Unidos, 1990; ROMERO, CELESTINO. Raíz histórica de la masonería en Venezuela. Caracas: Empresa El Cojo, 1957; La situación masónica en Venezuela [Informe]. Caracas: Gran Logia de la República de Venezuela, 1980; SUBERO, JESÚS MANUEL. [La más  antigua logia masónica en Venezuela]. Pompatar: s.n., 1978; Sucinta relación histórica de la masonería en Venezuela. Caracas: Valentín Espinal, 1852; URQUIZA GUERRA, O. SERGIO. Nuestro querido hermano Simón Bolívar. Coro: Ediciones Fraternidad, 1983; VALDIVIESO MONTAÑO, ACISCLO. Introducción a la masonería en Venezuela. Caracas: Tipografía Americana, 1928; --. Un capítulo de historia masónica venezolana. Caracas: Editorial Patria, 1930.


Ferrer Benimelli José Antonio (1988) “Masonería” en: Diccionario de Historia de Venezuela, Caracas, Fundación Polar, vlo 2 ,(ISBN-199806100166) 3 Vols 26 cm