jueves, 24 de abril de 2008

Orígenes imprecisos de la masonería

Los primeros masones que se dedicaron a la historia de la Orden buscaron orígenes gloriosos. Anderson, Maestre, Ramsay, Desagullier; todos ellos crearon mitos, inventaron leyendas. No buscaron comprender cómo fueron introducidos los ritos antiguos en las prácticas masónicas, en su lugar consideraron que la práctica de los ritos antiguos certificaba el origen de la Orden.

El historiador francés Charles Bernardin revisó en 1890 más de doscientas obras que trataban de los orígenes de la masonería, encontró treinta y nueve orígenes diferentes. Han llegado a afirmar que la masonería fue fundada por Zoroastro, magos, judíos, Salomón y el mismo Enoch. Los masones europeos del siglo XVIII quisieron buscar los orígenes de la masonería donde no estaban. Veintiocho autores coinciden en situarlos en las guildas de albañiles del período gótico; veinte se pierden en la antigüedad más lejana; dieciocho ubicaron su origen en Egipto; quince en el génesis, en el propio Paraíso Terrenal. Estos últimos fueron los que no tuvieron el menor empacho en afirmar que el primer masón fue Adam y la hoja de parra el primer mandil; doce a los templarios; diez a los cristianos primitivos o al mismo Jesús de Nazaret, y pare usted de contar.


Eloy Reverón: Memoria Masónica de Venezuela (Masonería en Venezuela) en: Historia Para Todos N 17, Profesores UCV, Caracas, 1996

Todavía queda un punto de vista más sensato dentro de tanta especulación: El primer masón fue un cavernícola cuando colocó un tronco para sostener el techo de la cueva. Esa fue la primera columna de donde nació la primera idea mazónica, el inicio de la arquitectura, de la construcción. (E.R)   

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